A Fernando Tamayo Gómez, cabecilla de la represión política en La Habana.
(Ver video al final de la carta)Redacto estas líneas en un día muy especial para la raza humana, y en particular para Cuba, donde un grupo de canallas desalmados se ha perpetuado en el poder fusilando, encarcelando, desterrando y reprimiendo, de manera brutal, a hombres y mujeres, incluso ancianas.
Aunque estoy apelando a mis últimas reservas de energía física y mental, -desde hace diez días mi estómago no recibe otra visita que la de esporádicos sorbos de agua- hago este supremo esfuerzo radiante de felicidad, ya que mi esposa, Lilia Castañer Hernández, hoy también logró llegar a la sede de las Damas de Blanco y cumplir con hidalguía su patriótico deber.
No lo hago porque lo merezcas, pues a fin de cuentas no pasas de ser un oscuro y prescindible personajillo, -de esos que cuando dejan de ser útiles a sus amos los destinan al humillante “plan pijama”- sino porque cuando ordenaste –te ordenaron- mi secuestro, se me quedó casi todo por decirte. Una entre varias razones es que lo que te hubiera respondido en aquel momento se habría quedado en el pequeño antro en que me encerraste para “conversar”.
Soy, entre otras cosas, un comunicador, y todo cuanto pienso, hago, oigo o veo, lo escribo sin tapujos ni escondrijos para todo aquel que se interese en leerlo. Pertenecemos a mundos opuestos. En el mío reinan la verdad, la transparencia, el respeto al derecho ajeno. En el tuyo, la mentira sistemática, la doble moral, el menosprecio y la conculcación del derecho de tus semejantes. Y que ruin y sórdido es tu mundo. Disfrutas ordenando golpear incluso a mujeres, como si de una mujer, probablemente, no hubieras nacido. ¿Crees que no se conoce tu conducta durante el pogromo que te ordenaron organizar contra seis Damas el pasado mes de abril en Santa Rita?















